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Peregrinos de sueños lejanos
de hogueras encendidas
como esa flor que abre a la vida
para regalar su aroma al viento,
tejiendo de promesas cada pétalo.
Un lienzo escrito sin palabras
aferrados a la luz de una mirada
que se pierde en la sombra,
o como ilusiones peregrina
en el silencio que se apaga.
O quizás amor eterno,
como el agua de río que retoza
incapaz de sosegarse,
o un lucero encendido
como las horas del tiempo
que pasan y pasan.
Un amor habitando otros cuerpos
como labios sedientos de labios
para robar unos besos,
o esos anhelos inconclusos
atados a un recuerdo
que se evoca y se evoca
aunque no se haya vivido.
Peregrinos de sueños lejanos
de hogueras encendidas
como esa flor que abre a la vida
para regalar su aroma al viento,
tejiendo de promesas cada pétalo.
Un lienzo escrito sin palabras
aferrados a la luz de una mirada
que se pierde en la sombra,
o como ilusiones peregrina
en el silencio que se apaga.
O quizás amor eterno,
como el agua de río que retoza
incapaz de sosegarse,
o un lucero encendido
como las horas del tiempo
que pasan y pasan.
Un amor habitando otros cuerpos
como labios sedientos de labios
para robar unos besos,
o esos anhelos inconclusos
atados a un recuerdo
que se evoca y se evoca
aunque no se haya vivido.