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El corazón arruga los ojos
en la infinita madrugada,
sólo un rumor
y una lámpara encendida
que brilla a lo lejos,
como ese espacio tan apartado de mi,
donde me amas.
Allí está mi piel, mis manos
donde tu alma se recuesta.
Vimos caer los besos
desde los balcones
heridos de soledad
merodeando mi vientre,
porque su única virtud era besarnos.
Ahora duermen en la quietud de las aguas
no buscan reposo para sus cansadas bocas,
no necesitan del aliento que ahogue sus tristezas
ni del calor para sus gélidos labios.
Esos besos eran perfectos
en la geografía de los cuerpos,
nuestros cuerpos,
pero ellos, nunca lo supieron.
Ana Mercedes Villalobos
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El corazón arruga los ojos
en la infinita madrugada,
sólo un rumor
y una lámpara encendida
que brilla a lo lejos,
como ese espacio tan apartado de mi,
donde me amas.
Allí está mi piel, mis manos
donde tu alma se recuesta.
Vimos caer los besos
desde los balcones
heridos de soledad
merodeando mi vientre,
porque su única virtud era besarnos.
Ahora duermen en la quietud de las aguas
no buscan reposo para sus cansadas bocas,
no necesitan del aliento que ahogue sus tristezas
ni del calor para sus gélidos labios.
Esos besos eran perfectos
en la geografía de los cuerpos,
nuestros cuerpos,
pero ellos, nunca lo supieron.
Ana Mercedes Villalobos
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