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Dos sonetos en el Calvario

Plegaria Soneto
I

Para que de una vez te siga y vea


Apenas un chiquillo y las mujeres
estaban a tu lado en el martirio,
y yo, por otro lado, en tanto mueres
ajeno permanezco en el delirio.

¡Deliro, sí!, por tanto que me quieres
y no te puedo ver ni con el cirio
que alumbra los despojos que Tú eres,
cerúleos, morados como un lirio.

Debiera arrodillarme ante el madero,
debajo justamente del reguero
de sangre que te sale y que gotea,

y allí quedarme inmóvil del espanto;
¿qué falta, Dios perfecto, dime cuánto
para que de una vez te siga y vea?

II
"Memento, homo, quia pulvis es..."
–recuerda, hombre, que eres polvo...
Al Tabor desde el Calvario

No sé si fue la mezquindaz o el miedo
al propio sufrimiento, a la agonía,
que no pude acabar lo que leía,
tanto me señalaba con el dedo.

No quise saber más de aquel acedo
poema, largo y claro como el día,
de la Pasión, la misma que yo huía
apenas susurrando "credo", "credo".

El pánico al dolor me sobrepasa,
y al poco ánimo que tengo arrasa
el verso contumaz y lapidario.

Tal vez si repitiera con voz viva
"¡credo, credo!", mi polvo y tu saliva
me lleven al Tabor desde el Calvario.
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Comentarios (4)

Bernardo de Valbuena
Bernardo de Valbuena ·
♥ 1
Realmente estos dos sonetos son magníficos.
En cualquier casos, tus sonetos religiosos están llevados de una mano con mucha fe.Si no, seria imposible plasmarlos con tanta magnitud. Saludos. Bernardo
lesmo
lesmo ·
♥ 0
Querido Bernardo, si no fuera por eso, que al fin y al cabo no es mérito mío, sino de quien me hizo el regalo, desde luego ni los versos ni nada. Mil y mil gracias por dejar tu huella amable siempre en este espacio mío de letras. Muchas gracias.
Con un fraterno y afectuoso abrazo.
Salvador.
Pessoa
Pessoa ·
♥ 1
¿Estamos ante un nuevo Miguel de Unamuno? Tanto por la perfecta técnica con la que construyes tus sonetos como por la profundidad de la fe que los anima, no puedo evitar la referencia a aquel prodigioso intelectual, cuyas letras han emocionado a muchos de los que ahora te leemos. Una fe construída desde la fragilidad de lo terrenal. Un abrazo, querido Salvador.
miguel
lesmo
lesmo ·
♥ 0
Enorme me viene a mí el traje de Miguel de Unamuno, querido Miguel Ángel, el cual aun en la fragilidad terrenal es demasiado grande para mí, él que pedía ser pequeño:

Agranda la puerta, Padre,
porque no puedo pasar.
La hiciste para los niños,
yo he crecido a mi pesar.
Si no me agrandas la puerta,
achícame, por piedad;
vuélveme a la edad aquella
en que vivir es soñar.

Miguel de Unamuno


Mil gracias por estar en este espacio mío de letras, amigo mío.
Gran abrazo pleno de afecto.
Salvador.
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