I
Para que de una vez te siga y vea
Apenas un chiquillo y las mujeres
estaban a tu lado en el martirio,
y yo, por otro lado, en tanto mueres
ajeno permanezco en el delirio.
¡Deliro, sí!, por tanto que me quieres
y no te puedo ver ni con el cirio
que alumbra los despojos que Tú eres,
cerúleos, morados como un lirio.
Debiera arrodillarme ante el madero,
debajo justamente del reguero
de sangre que te sale y que gotea,
y allí quedarme inmóvil del espanto;
¿qué falta, Dios perfecto, dime cuánto
para que de una vez te siga y vea?
II
Para que de una vez te siga y vea
Apenas un chiquillo y las mujeres
estaban a tu lado en el martirio,
y yo, por otro lado, en tanto mueres
ajeno permanezco en el delirio.
¡Deliro, sí!, por tanto que me quieres
y no te puedo ver ni con el cirio
que alumbra los despojos que Tú eres,
cerúleos, morados como un lirio.
Debiera arrodillarme ante el madero,
debajo justamente del reguero
de sangre que te sale y que gotea,
y allí quedarme inmóvil del espanto;
¿qué falta, Dios perfecto, dime cuánto
para que de una vez te siga y vea?
II
"Memento, homo, quia pulvis es..."
–recuerda, hombre, que eres polvo...
–recuerda, hombre, que eres polvo...
Al Tabor desde el Calvario
No sé si fue la mezquindaz o el miedo
al propio sufrimiento, a la agonía,
que no pude acabar lo que leía,
tanto me señalaba con el dedo.
No quise saber más de aquel acedo
poema, largo y claro como el día,
de la Pasión, la misma que yo huía
apenas susurrando "credo", "credo".
El pánico al dolor me sobrepasa,
y al poco ánimo que tengo arrasa
el verso contumaz y lapidario.
Tal vez si repitiera con voz viva
"¡credo, credo!", mi polvo y tu saliva
me lleven al Tabor desde el Calvario.
No sé si fue la mezquindaz o el miedo
al propio sufrimiento, a la agonía,
que no pude acabar lo que leía,
tanto me señalaba con el dedo.
No quise saber más de aquel acedo
poema, largo y claro como el día,
de la Pasión, la misma que yo huía
apenas susurrando "credo", "credo".
El pánico al dolor me sobrepasa,
y al poco ánimo que tengo arrasa
el verso contumaz y lapidario.
Tal vez si repitiera con voz viva
"¡credo, credo!", mi polvo y tu saliva
me lleven al Tabor desde el Calvario.
En cualquier casos, tus sonetos religiosos están llevados de una mano con mucha fe.Si no, seria imposible plasmarlos con tanta magnitud. Saludos. Bernardo