Ceremonial
Se elevan las delgadas nervaduras
hacia la solitaria piedra clave,
e ingrávidas, suspensas, en la nave
sostienen las pesadas estructuras.
Un coro diaconal de voces puras,
al frente, en procesión avanza, grave,
y entona una salmodia que, süave,
se mezcla con incienso en las alturas.
De pronto se ilumina el presbiterio
y ocupan los ministros sus sitiales
en torno al facistol donde el salterio
se abre con los himnos y graduales;
comienza el Eucarístico Misterio
que achica a las enormes catedrales.