En la sorda tierra,
ni un ápice de luz.
Lápices del alba,
árboles de madrugada,
son las siete de la mañana,
ni un vértice de luz
sobre las atestiguadas
montañas.
Un paso de ovejas
vertebra el cansancio
de la luna vieja, y deteriorada.
En la sorda tierra,
crecen las higueras de noche,
cuando el mar y el viento
se sacuden el salitre.
Y yo quedo triste y melancólico,
como si me hubieran arrancado
del colchón.
©
ni un ápice de luz.
Lápices del alba,
árboles de madrugada,
son las siete de la mañana,
ni un vértice de luz
sobre las atestiguadas
montañas.
Un paso de ovejas
vertebra el cansancio
de la luna vieja, y deteriorada.
En la sorda tierra,
crecen las higueras de noche,
cuando el mar y el viento
se sacuden el salitre.
Y yo quedo triste y melancólico,
como si me hubieran arrancado
del colchón.
©
Un placer.
Saludos.