GRECIA
El día primero
AzabacheEstaba la cena cavando los dientes. El patio alertó con voz confusa. Es una larga sensación, la de los hospitales, o la de los cementerios. Era un noche licuada ante la mirada satírica de sus ojos azabaches. Yo no fui, ella se movía.
Perfecto desconocido
Ya adentro. No la luz, sí la falta de espejos. Acomode mis ropas al gusto del telón caído. Una cara con ojos azabache quedó sin espantos. Se esconde y no. Se parte la noche en sus manos. Fui un santo derretido en la entropía. Ya no fui tan desconocido, por desgracia.
Dos horas
Se puede esperar dos horas en la calle. Ah, pero sin tempestad, solamente su pelo de lado. Dos horas, quizás menos, es decir una porción que muere de alegría. Algo pesado que se pierde cuando estaba cavando más que la cena. Dos ojos igual que sus cabellos, que rasguñan y rasguñan.