En la celebración de la La Virgen de Carmen
Tengo una Madre en el Cielo
y otra tengo en la Tierra,
a la del Cielo de rezo
por la otra que me queda.
Si alguna vez las contemplo
parece se parecieran
por eso a las dos las quiero
con locura verdadera.
Cuando en algún día siento
un atisbo de tristeza,
a la una me encomiendo
y la otra me consuela.
A veces ni yo me entiendo
y es que me olvido de ellas,
pero no dura un momento
porque de alguna manera
se me despierta el recuerdo
con solo ver las estrella,
será de que en ellas veo
su luminosa diadema;
y a la vez cuando yo siento
a lo lejos las mareas
me acuerdo de que yo tengo
dos madres que son Carmelas.
Cielo y tierra, mar y cielo,
¡ay mis madres marineras,
llevadme la mar adentro
el día que yo me muera!
Me siento muy arraigada a las costumbres marineras y en ella la Virgen del Carmen siempre está presente. Como pequeño detalle personal te contaré, apreciado poeta, que al nacer mi abuela me puso bajo el almohadón de la cuna una medallita de la Virgen del Carmen que aún conservo como oro en paño...y, al margen de la fe, ejerce sobre mi un efecto sedante y de ternura infinita.
Gracias por compartir tu hermoso poema,
Eva