Todos los gatos tal vez sean mi gato,
faraón de mi esfinge, inmutable y perfecto,
más bello que la noche que te ama,
afable a mi caricia, la seda de tu cuerpo
proyecta y eterniza una parábola...
Vigía de mis sueños, repites su metáfora,
mi vuelo libertario hacia el tejado:
ser tú mismo en esencia y existencia.
Así de ignoto y ágil, mi alma sigue tu salto.
Magnífico de estrellas, de amor y de silencios,
exento de obediencia, dispensas calidez por mis umbrales.
Hoy te canto, inefable sombra de mi ventana.
¡Eres la más perfecta flor de mi buhardilla!
Mi alter ego te llama para habitar tu piel en tiempos nuevos.
Con todo afecto, mi saludo muy cordial.
Salvador.