Los rayos del sol insisten sobre la hierba seca. Muy lejos, ese fuego invade la materia, como invade a un corazón abandonado los tímidos rayos de la compasión.
Los surcos penetran el sueño profundo de la tierra, a lo lejos el horizonte se hunde, viril, sobre los montes silenciosos. Cuando la luz se va, las estrellas crujen, alegres, desde su sueño largo.
El perfumado resplandor de la luna se inclina junto a los arboles. La noche es una fiera sin maldad. Acabo de huir de la noche anterior, mis formas rebotan entre las cañas recién dormidas.
Alguien camina como desde otra esfera. Sus pasos embarrados aturden mi sien. Luego, mujer de lenta pollera, baila entre los charcos salados su amor no revelado.
Yo, atento, adivino sus tiernas soledades. El frío retuerce la gramilla y el dolor. Ella incita a besar desde lo oculto. Ella canta con voces de miel recién brotada.
A cuantas noches este aullido viaja desde mi yo. Mi cuerpo la persigue, inútil, la forma no ha de revivir, los cuerpo retroceden, su beso gira y cae, como pluma pequeña de la imaginación.
Los surcos penetran el sueño profundo de la tierra, a lo lejos el horizonte se hunde, viril, sobre los montes silenciosos. Cuando la luz se va, las estrellas crujen, alegres, desde su sueño largo.
El perfumado resplandor de la luna se inclina junto a los arboles. La noche es una fiera sin maldad. Acabo de huir de la noche anterior, mis formas rebotan entre las cañas recién dormidas.
Alguien camina como desde otra esfera. Sus pasos embarrados aturden mi sien. Luego, mujer de lenta pollera, baila entre los charcos salados su amor no revelado.
Yo, atento, adivino sus tiernas soledades. El frío retuerce la gramilla y el dolor. Ella incita a besar desde lo oculto. Ella canta con voces de miel recién brotada.
A cuantas noches este aullido viaja desde mi yo. Mi cuerpo la persigue, inútil, la forma no ha de revivir, los cuerpo retroceden, su beso gira y cae, como pluma pequeña de la imaginación.