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En un pequeño puerto de pescadores, en algún lugar de México, se aproximan unas nubes, dicen los ancianos que es viento, ¡mucho viento! y los pescadores corren por sus pangas para moverlas, introducirlas y sujetarlas en los manglares, otros optan por sacarlas del agua y las dejan volteadas casco arriba en la arena.
Otros van con prisa y aseguran sus enramadas en la orilla del mar, esas pequeñas enramadas donde suelen vender sus productos, (pescados, almejas, filetes y crustáceos).
Observo que los cangrejos empiezan a sujetarse de la madera del muelle.
Terminamos de voltear la panga y nos vamos a casa, a esperar que pase el mal tiempo.
Esto pasa en un pequeño puerto en algún lugar de México, cuando las nubes oscuras se aproximan.
En un pequeño puerto de pescadores, en algún lugar de México, se aproximan unas nubes, dicen los ancianos que es viento, ¡mucho viento! y los pescadores corren por sus pangas para moverlas, introducirlas y sujetarlas en los manglares, otros optan por sacarlas del agua y las dejan volteadas casco arriba en la arena.
Otros van con prisa y aseguran sus enramadas en la orilla del mar, esas pequeñas enramadas donde suelen vender sus productos, (pescados, almejas, filetes y crustáceos).
Observo que los cangrejos empiezan a sujetarse de la madera del muelle.
Terminamos de voltear la panga y nos vamos a casa, a esperar que pase el mal tiempo.
Esto pasa en un pequeño puerto en algún lugar de México, cuando las nubes oscuras se aproximan.