EPÍLOGO
De COHELETT
Más tarde que el mismo fin de mis días
y tan cercana como la misma muerte
ser sin sombra pasas por mi existencia
inadvertida e invisible como un viento manso
sin dejar un rastro que me marque
o una huella que de mi alma no se borre.
Duele tu mueca solitaria en la oscuridad
y asusta tu espectro reflejado en la ventana
tan liviano como una pluma sin ala
tan triste como una sola lágrima.
Y nada que hacer ya contigo
hoy que el tiempo por la espera
hasta el último segundo
al abismo he lanzado.
Luis O. Díaz.
Noviembre del 2007