La brisa de los vinos
Tentempié de glóbulos rojos y blancos,
sin el coágulo que se pronuncia
en contra de los bramidos del espíritu,
y en la supernova de senos de esta noche
Dionisio abrirá su pecho y se amamantarán los leones.
Sacrificaré la tersa piel de una uva
y de su mística esencia bañaré los océanos,
púrpuras como la marea de un ebrio
que su tambaleo es sólo danza,
es sólo ballet contra sus dulces muertos.
¡Entonces avivaré el incendio!
y como un Aquiles
en contubernio con la lanza,
dejaré que por el talón la serpiente
desahogue su ira y me sujete de las caderas,
volviendo el buqué del veneno
en zumo para Náyades y Erinias
en un festejo de panteones y nacimientos.
El brindis
¡He vuelto amigo Pegaso!
Has estado fuera,
esperando paciente mi sanación,
mi enfermedad fue larga
cáncer de bilis y platos de excremento,
lejanos estaban nuestros días de batalla
cuando tus alas eran escudo y espada,
y yo era el timonel entre los vientos…
¡Despierta amigo!
Y bebe un poco del Lerna,
un largo viaje se aproxima
cerca estamos de encontrar cielos
de lino y de seda.
Florecer
La vid abre de nuevo sus ojos,
su mirar inquieto se ha posado
en mi pecho de juglar,
desposándose con astros naranjas,
y tatuándose gatos al centro…
Otoño
Es hora de salir, amor,
a caminar, a charlar,
el tiempo es una bola de estambre…
vente, aún tengo cigarros
y la luna tiene un ojo cerrado y otro abierto…
¿Se lo pinchamos?