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Estaba el gato Panchito tranquilo y muy solazado a la jaula encaramado escuchando al periquito, que con su trino exquisito le llamaba la atención y no perdía ocasión de mirarlo, el muy taimado, pensando —¡Qué buen bocado, para darme un atracón!
Se acercó pausadamente y lo observó con fijeza a un palmo de su cabeza con un descaro evidente y el pájaro alegremente le cantaba su canción sin ver que la tentación cada vez era más fuerte, y en su inocencia no advierte de Panchito la intención.
Pero, mientras se decide, ve que con gracia infinita por allí pasa Florita y del ave se despide pues su deseo se divide y quiere partir tras ella ¡es una gata tan bella! y el pájaro de momento queda feliz y contento; lo salvó su buena estrella.
Es mi deseo rotundo que el alma en mí se sosiegue, que la inspiración me llegue y dé su fruto fecundo. Que a mí me parezca el mundo un lugar maravilloso; que esté claro y no borroso el futuro que me aguarda y que mi ángel de la guarda no se muestre perezoso.