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Poesía existencialista-.

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BEN. · · 0 comentarios Poesía existencialista-.
Me quedé, hecho un hueco,

Inmóvil, quieto, esparcido

Como una arena sonriente

Sobre dagas o puñales invidentes.

Quedé quieto, petrificado,

En un naufragio de ondas

Ridículas que fustigaron

Mi alma y mi carne macilenta.

''¡Quieto!'' Me dijeron, y así

Permanecí: ''¡sueña!'' Y eso hice.

Las flores de antaño, con

Sus tribulaciones de espigas

Y pétalos, resurgieron invadiendo

Las nieblas de los lagos tan blancos.

Sangre y vida, y cúspide y alma.

Todas, se desangraron, como ejecutores

De una mística parcial.

Inmóvil, estático, reticente

A labios o sombras o helechos.

Mi alma era una prostituta

Que vendía su alma llena de bohemias

Y rencores.

Mi vida era una sombra de aquellos

Helechos enigmáticos. Rosas

Que empujaron deslavazadamente,

Silencios tras silencios-.



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En el último instante-

quizás en el primero-,

justo la vida, justo la muerte.

Pecho a pecho, calcinado,

ruina durmiente que fabrica

un colegial ensangrentado.

Fibras de apósito en el corazón.

Y el sol que cae de frente, sin soslayo

posible, elevando la cantidad

de sangre esparcida sobre la tierra.

Era el último instante, quizás

el primero. Arroyo venerable

de vida y de muerte, ambos ahora,

pútridos.



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Ya olvidas aquí

semillas y semilleros,

regocijos anteriores

y vestigios de sobremesa.

Anulas los ínclitos paisajes,

la maravilla de algunos parajes,

las bendiciones prometedoras,

y te dejas resbalar hacia el cielo.

Paras en mitad de la nada,

con ecos más que voces,

y distingues entre todas,

el susurro lejano y monocorde,

de tus ídolos de infancia.

Maltrechos, tus padres,

vienen a recogerte.

Son hojas tiradas a los basureros,

son profetas de una tierra

que hiede a cadáver.

Ya dejaste aquí

cánticos y loas, alabanzas,

en suma, desmedidas todas.

Y frecuentas el cielo azul

nostálgico de tu infancia

acometida-.



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Hay excrementos de palomas

y alfeizares llenos de desidia,

ventanas inacabables donde se ejercitan

moluscos del tamaño de una uña sin pigmento,

y luces procedentes de un invierno mortecino y neutro.

Quiero ir viviendo lentamente entre esas entrañas

persistir en el error y vomitar a disgusto mis redes

de captura, olvidar los daños emergidos y perseguir

con ahínco los dinteles rotos de mi casa.

Quiero ir vivo hasta la muerte, con agua esponjosa

y llena de trigo, con elementales fuerzas de oposición,

sin fisuras en las puertas de la entrada.

Hay un ser que medita y una criatura dispuesta al

sueño, y una novia que salta y se abalanza, y predice

el tiempo de la derrota.

Quiero robar al tiempo su álbum de desgracias,

guardar silencio ante el vómito de los días, conservar

la paz de las noches y triturar el mosto recién recibido.

Quiero la red más neutra, el opaco testigo, la centinela

muerta, llena de estrellas en el pelo.

Hay sombras en las puertas tejados desprovistos

árboles incendiados y persianas enrolladas.



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Ando vagabundo por las cuatro

paredes de mi cuerpo. Ando por

decir algo, pues siento que estoy

perdido y nuevamente tropiezo

y me confundo. Camino por un

eterno espejismo, mirando los

charcos que me guían en mitad

del desierto. Me paro y observo:

aves carroñeras me cortan ávidas

el paso. Un amor como de cárcel,

me dejó en este estado. Por las paredes

de mi cuerpo, me deslizo hasta el abismo.

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Dejé de ser un alma

traspasada por dudas,

remotas ambiciones

u oscuros deseos.

Dejé de serlo. ¿Qué vivo?

No lo sé, ni me importa.

Redes sin nada vienen

a fructificar en mi frente.

El líquido sudor, dejaba ambiente

de juventud, en mi cuerpo erosionado.

No es la juventud lo que me representa.

No es, tampoco, la plegaria. Un payaso

por los contornos del mundo se pasea.

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BEN. · · 0 comentarios Poesía existencialista-.
Sometiendo imperios diversos

en la luz establecida por desacato

testimonio el enardecimiento exiguo

la materia viril de mi propio nombre

indigente y esquelético. Soy un hombre

entre más. Procedo a desmantelar

mi ira versátil y expresarme en signos

herméticos. La lluvia de estos días,

precede al instinto, y dulcifica mi existencia,

cuya esencia no deja de ser la del castigo.

La gente bromea, escupe al abismo de los ceniceros, o rompe su mamotreto ridículo

por las alcantarillas sombrías llenas de agua.

Yo dudo, y falsifico mi vida en remotas

frases inasibles, descalifico a los dioses

y me liberto de las trenzas que recubren

mis tobillos, entrelazándolos.

A qué puedo llegar, Dios mío, si estoy

tan triste que apenas saco tiempo

para acordarme de quien fui?



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BEN. · · 0 comentarios Poesía existencialista-.
Hay gente que palpa mis pies

su sombra se extiende de pared en pared

rumia su soledad en la tristeza o en el desvarío

donde asumen por completo su culpa

la necedad y el delirio, esas copas vacías

de ajenjo o absenta.

Hay gente merodeando mis pies

como duendes o elfos que rozaran mi cuello

en bucle, cuando el mediodía

renueva su participante alegría en mi jovialidad

externa.

Se retuerce como un muelle mi numen

de osadía y vitalidad, remordimientos, eternidades

vacías, donde pintan sus amuletos,

largos ángeles de muérdago y nieve.

Duermo en una ribera desconocida;

duermo con la colcha separada de mí,

mientras una multitud de sombras

renacen para mi cuerpo tumefacto y herido.

Hay gente que palpa mis pies

son redes de oxígeno por instantes

en su malla de pequeños huesos

duermen junto a astros venerables.

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BEN. · · 2 comentarios Poesía existencialista-.
Esto es lo que soy:

un trozo de vida permanente y protegida,

una garra, hercúlea y carcomida, penetrando

las sombras del mediodía,

un rectángulo fosforescente que invade

islotes e islas, un glacial navegando

inmóvil en un mar vegetativo,

las sobras de un banquete desesperado,

el pescuezo iracundo de las olas,

los fósiles encontrados por una mano amiga.

Desinventariado, mi consulado de nieblas

yo practico. Esto es lo que soy:

carne en apariencia, luz de taberna,

ciudad desvanecida, fundada en la penumbra,

centinela en la noche siempre vigilante,

rocío que quiebra las pestañas, escarcha

que promete cóleras de amanecida.

Rectángulo ofensivo que acucia

llamas encendidas, transcurso, sí,

con una importancia. ©
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