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Sê que uno de estos días vagarë en un sueño ancho bajo del terrenal fuego de los cipreses, puede ser que en esas llamas de carbones mancho todo aquello que ame y limpie tantas veces.
Pueda que en esa olas en que mis voces abalancho tan solo enmudecidas queden insensateces y queden envejecidas todas mis niñeces, Sin duda alguna y aunque me niegue al infinito marcho.
Aunque intente buscarme, no me hallo, me encuentro en el oreo invisible y aunque quiera ser guerrera invencible sin quererlo, al final en todo fallo.
Aunque busque en antifaz mi identidad, sê que soy sôlo estéril fantasma, de las plantas infeccioso fitoplasma, cada día me transformo en maldad.
Pero aunque aveces en el camino me desmayo, me levanto del suelo con mâs fuerza y espero que no tenga reversa esa intensidad de inmortal ensayo.
Vuelvo siempre a levantar el tallo, y aunque muchos me busquen la salida y digan sin compasión que soy causa perdida en florido despertar soy ¡Flor de mayo!
Soy una caracola jugando entre las dunas y si una tibia ola al mar me profundiza
en mi pecho canta, espuma me desliza,
ondularán despacio en aguas de aceituna
susurros etéreos en voces de nodriza;
se duermen las estrellas en mi tibia cuna,
en tumbos inquietos de noche mestiza,
me visto de nácar con lumbre de luna.
El ámbito sonoro trae la voz rimbombante
de la mar que arrulla en lo oculto su pena,
murmura bullicioso a mi oído en la arena
retorno yo su eco en canto vibrante.
Soy una caracola en la orilla moribunda
y el mar en su oleaje de júbilo me inunda.