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Oh madre, ¿Por qué que te fuiste al cielo? ¡Volver a mirarte y mimarte cuánto anhelo! ¡Oh madre cuando te pienso,
mi corazón se tiñe de duelo!
Fuiste mi musa, mi modelo;
extraño tus caricias de terciopelo.
Mil palomas lanzo hacia el cielo,
que calmen mis ansias y desconsuelo,
¡Te extraño mi sol, mi lucero!
Madre, baja de tus alturas,
borra de mi vida la tristeza rugiente
¡Yo quiero ver tu tez santa urgente!
Siento tu presencia de flor
en mi casa a cada momento.
Hablan de ti:
esa planta de jazmín que sembraste con amor,
el orden de los muebles,
las fotos familiares,
el olor a pan recién horneado,
las mantillas que tejiste laboriosamente,
tus hijos que criaste primorosamente.
Caminaré en buena senda,
seguiré tus consejos,
¡Oh madre mi abnegada consejera!
Madre bendita,
sé que algún día te volveré a ver
y te abrazaré y besaré muy fuerte,
¡El amor es más grande que la muerte!
Madre adorada, luz de mi cielo, prenda querida, alondra recordada, ¡Aún huelen tus margaritas y azucenas en esta tu casa!
Agosto se llevó tu nombre pero no tus alas de amor; ¡Cómo se sienten tus frescos aromas de mayo en nuestra humilde casa de antaño!
Tus consejos retumban mi conciencia, tus estelas de ternura están regadas cual sellos en cada uno de tus hijos. Bregaste duro en la vida, de esfuerzo y entrega ibas siempre vestida, ¡Oh, madre eterna bendita!
De tus manos blancas volaban palomas de dulzura, tú eras un cielo siempre abierto de comprensión y ternura, ¿Por qué ocultaste madre tu figura, dejándome tan sola en este mundo de piedra dura?
Madre, hoy te recuerdo, emocionada, flores rojas de agradecimiento te ofrendo, ¡Tú nunca en mi alma has muerto!
Espéranos madre mía en el cielo, nosotros tus hijos acompañaremos un día tu vuelo. Madre, hoy mañana y siempre, te quiero.
Madre, tu ausencia tiene el sabor de lecho frío, sus vientos incrustan de pena mi alma; lo hacen crujir de amarga nostalgia.
Madre agosto se llevó tu nombre en lápidas fúnebres y en carrozas de muerte. Estatuas mudas rodean tu figura. ¡Sin ti, siento los silencios largos de ultratumba!
El dolor que me dejaste no ha sanado y sus clavos punzantes perforan mi alma ¡La hacen trizas!
Sus heridas recrudecen, sangrantes al mirar el camposanto en que dejaste tu cuerpo durmiente, ¿Por qué el destino me arrebató mi diamante puro y sagrado? ¡Yo quiero oír de nuevo su voz!
Una cruz fúnebre clavada en tu lugar de reposo, me dice que ya no vuelves, y yo me he quedado muda y estática como ella.
Dejarte partir es mi muerte, olvidarte doble suplicio. Necesito los alisios de tus besos, las gardenias de tus caricias para colorear mi existir.
Madre adolescente no te dejes engañar Abortar no es la solución Tienes un bebé que te devolverá la ilusión Ahora lo rechazas pero cuando nazca se llenará de ternura tu corazón.
Un aborto puede acabar con tu vida Tu cuerpo ya no será igual. Un niño es un ángel de Dios Los hijos nos son de las madres son del creador.
Reflexiona mi niña Lucha contra el qué dirán Soporta los dichos de la gente Hasta el rechazo de tus padres Una mano amiga siempre te acogerá DIOS NO TE ABANDONARÁ JAMÁS.
Si das la vida por este hijo este hijo te atenderá mañana más tarde cuando estés en un hospital o quien sabe te enterrará o verá en la vejez. Ánimo, valor, saca la garra de madre Lucha contra todos y gran recompensa tendrás. No oigas a la gente que le gusta la cultura de la muerte y te aconseja matar ¿El dinero, pan leche Dios proveerá!
No abortar es asesinar. Una madre nunca vivirá feliz teniendo en la conciencia a un hijo que mató. Sé valiente y mucha recompensa del cielo tú tendrás y cuando tu hijo esté grande hasta sus abuelos lo querrán. Grita: yo joven madre digo sí a la vida no a la cultura de la muerte y del mal Al niño de mis entrañas con uñas y dientes defenderé.
Niña de mirada de alba pura
¿Quien cercenó tus sueños de ternura?
Allá en la noche oscura
¡Oh, mi frágil criatura!
Se desdibuja tu figura ¡La gente murmura!
Y tu cuerpo cascarón delicado
albergando tu hijo preciado. Tu salud en riesgo palomita tierna, ¡Tú ni te das cuenta,
que ya no eres niña!
Que reemplazarás tus muñecas
por el niño manzano de tus entrañas.
Te pones el vestido del valor y la armadura ¡Eres madre niña coraje!
Luchas con bravura.
Das a luz a tu hijo,
y lo cuidas con dulzura,
salvando la coyuntura. Fue un hombre malo, que suicidó tus sueños de gacela libre; quemando tu infancia,
¡Mi criatura!
Hombre que decía que eras su hija,
y él tu padre,
¡Qué cara dura!
Autora Edith Elvira Coilqui Rojas-Perú-Derechos reservados-safe creative
Mi ángel ausente
te fuiste en mareas de agosto
y en lluvia copiosa de lágrimas.
En el lecho dijiste tus últimas palabras
tomaste mi mano temblando,
y te fuiste a cielos alados.
Extraño tus ternuras de suave algodón,
tus consejos oro pulido,
y tu sonrisa de cielo y sol.
Oh, madre mía eres el ángel ausente
que siempre vivirá en mi corazón.
Que siempre estará viva en esa casa de mi niñez.
Baja del cielo,
baja solo un momento.
Todavía hay palabras que en mi bolsillo se han quedado, atrapadas.
Todavía hay mucha vida que te llama.
Mucho amor que dormita en mi alma por ti.
Quiero estamparte ese beso dulce en la frente, que no te he dado. Quiero oír tu voz solo una vez más.
Y dejaré partir tu recuerdo contenta, resignada,
¡Madre, ángel mío te extraño tanto!,
¡Fue tan repentina tu partida!
Madre, tu sol no se seca, en la casa de antaño en que me viste crecer. ¡Allí se respira tu nombre a cada instante! Madre tu mundo quedó estático en mi tierra, tus alas se ven, cerca, muy cerca de aquí.
Madre tus enseñanzas oro pulido, las llevo taladradas, dentro muy dentro de mí. Madre, tus pasos de fuego queman profundo en mi corazón y a veces... me hacen llorar.
Oh, madre santa, agosto se llevó tu nombre, ya no amasas el pan del amor en la casa del ayer.
Miro tus ojos cansados, toco tu risa, en el parque donde jugaba con mis hermanos y dónde tú nos vigilabas: ¡Pero hijos!
Madre acomoda tus espaldas en mi silla de amor, pinta caravanas de besos en mi cara. ¡Hoy los necesito tanto!
No, madre, no dejes que te lleven, ¡Hoy te necesito tanto! Madre deja tus maletas en mi cuarto, todavía quedaron en el tintero muchos besos que no te he dado.
Madre vuelve con tus cantos de ternura y paz. ¡El mundo de hoy está convulsionado! Necesito ver tu mano amiga por todos lados.
Madre tú vives, ¡Tan nítida en mi ser! Yo nunca, nuca te voy a dejar de querer. Tu nombre, en mí siempre va a florecer...
Madre, tus ojos clavados al cielo,
madre, tus pupilas miran a lo eterno,
madre, tus huellas,
quedaron en la tierra de nuestra casa.
Madre,
Tus lágrimas espinas en mi alma,
fantasmas de monstruos eternos.
Madre una banda de insolentes,
me dijo que te fuiste,
que en tu lecho ya no estabas.
Y no lo quise creer
y te busqué como loca,
con el corazón hecho herida.
Madre,
te fuiste,
sin despedirte,
tus ojos volaron al paraíso,
que siempre quisiste. Madre tus pisadas oigo todas las mañanas, tu voz arrulla mis sueños,
tus manos me acarician,
tus consejos martillan mi conciencia.
Madre,
vuelve, llévame contigo este mundo no me entiende como tú, no ama mis pasos como tú, no me mira con esos ojos de eterno amor, con que me veías tú.
Madre, yo te corono, reina del amor, reina de la bondad, reina de la paciencia. Porque consumes el corazón de tanto amar y amar, porque en tus alas cobijas a tus hijos, porque perdonas sus errores, y no los cuentas, porque sabes amar, más allá del infinito.
Madre, corono tus manos, porque derraman ternura, Corono tus ojos, que miran con amor, corono tu corazón que sufre en entrega, ¡Corono tus brazos que trabajan tanto!
Madre yo te corono toda, mereces ser coronada, venerada y honrada por tus hijos idolatrada.
Madre, así coronada te irás al cielo, tus afanes y sacrificios te reservan un lugar celeste.
¡Oh, madre, que bella te vez coronada, con zafiros y esmeraldas! Pareces, un astro luminoso, cuya luz, no se apaga nunca...
Las manos de mi madre. ¡Son manos santas! Tienen en sus líneas sólo banderas de amor. son diamantes pulidos a sacrificio y dolor.
¡Ay las manos de mi madre¡ ¡Benditas sean! ¡Benditas lo son! Abrazaron al hijo cuando salió de su vientre Lo cuidaron con amor. Lavaron ropitas, dieron la leche con ternura. Sus dedos derraman miel pura,
esculpen humanidad de amor. Ay, las manos de madre ¡Benditas lo sean¡ ¡Benditas lo son! Cocinan a diario en la mesa del amor.
¡Ay, las manos de mi madre! Sólo saben limpiar mis lágrimas de dolor. Me abrazan en algodones de amor. Alientan mis pasos en la vida, con sus aplausos de alegría e ilusión.
Las manos de mi madre,
blancos lirios,
en panes de ternura.
Las manos de mi madre,
cirios constantes de amor,
palomas suaves de caricias,
entrega y donación.
Ay, las manos mi de madre, Perfumarlas y adorarlas quisiera yo. Pues de sus palmas sólo he recibido, alegrías y amor.
Y hoy, ya cansadas en arrugas Siguen dando tanto calor. ¡Gracias madre, por derramar de tus manos. Sólo caudales de amor¡
¿Dónde estás hijo?... Saliste temprano de la casa. Me diste un beso en la frente. Y nunca más regresaste.
¿Dónde estás hijo? Te busco en las esquinas más recónditas En la noche solitaria Entre las rieles de los trenes En hospitales que hierven de gente. Y no te encuentro.
¿Dónde murió tu ternura infantil? ¿En que recodos se escondió tu sonrisa? ¿Tiene la muerte el color de tus ojos? ¿Subiste tarde al carro de la vida? Me duele este acertijo. Todavía no concilio el sueño, Hace tiempo lo tengo perdido, entre las arrugas de mi frente. ¿Acaso te llevó la policía? ¿Andas por algún mal camino?
¿Habras comido?
Quiero ver tu rostro. Para dormirme en la cama de la vida tranquila. ¿Dónde ocultas tu vida? ¡Donde tu voz habla! Quiero que regreses conmigo, a casa. Tengo la cocina prendida, y un plato de sopita humeante Para ti ¡Hijo de mi alma¡ ¡Mira hasta el hambre de mi estómago ha huido por ti!...
Quiero tu recuerdo danzante en la casa, Extraño tu alegría soberana... ¿Dónde estás hijito de mis entrañas?
Mi alma se quiebra en dos. Tu sombra se ve muy negra desde aquí, Mis lágrimas mojan su silueta. ¡Yo estoy, tan cansada! ¿Dónde estás hijo?...
Madre, hoy te lloro y en el cementerio, la brisa de este lugar enciende tu nombre. ¡Y tú no estás aquí! Recuerdo los dulces momentos y las tiernas caricias pero tu madre...¡Ya no estas aquí! ¡Cuánta soledad ahoga mi voz! ¡Cuánto recuerdo inunda de lágrimas mi pobre corazón! Te has ido y contigo parte de mi vida, mi compañera mi amiga, mi cómplice y hoy en este verde campo santo, sólo me queda decirte ¡Gracias! ¡Gracias mamá por tu cariño, por tus consejos, por tu dedicación! Por tus noches de desvelos, por tanto amor y predilección. y ante esta tumba inerte , te prometo madre mía, ser el hombre honesto y bueno que tú siempre quisiste ver. (Espérame en el cielo entre ángeles mamá).
Madre hoy de tu nombre me he acordado, y sobre esta piedra inerte he llorado. Pues ella me ha llevado al pasado, donde de tus inmensas ternuras he gozado.
¡Madre! De tu rostro hoy vi volar palomas blancas que se elevaron al cielo ¡Y me quedé tan sola...! Con los aromas de tu recuerdo.
Madre, tú que sabías descifrar mis angustias, tú que acompañaste mis risas desde niña. ¡Cúanta falta me haces! Compañera insondable, amiga, hermana confiable. ¡Hoy tu voz está callada y velada!
Recuerdo con cuánto ahínco trabajaste día a día ¡Cuánto amor a tus cuatro hijos! ¡Cuántos desvelos! Cómo ibas desgastando tu juventud sin medida, Te deshojabas en atenciones ¡Nosotros eramos tu vida¡
Madre hoy visité la casa dónde vivíamos con toda la familia y todo olía a ti, la sala, el patio, el comedor... No pudiendo resistir la nostálgia fui a visitarte al cementerio. Con mis lágrimas he mojado tu lápida, luego las sequé rápidamente, Te puse un hermoso ramo de flores ¡Escogí las más bellas! Me arrodillé he hice una oración por ti y por mí... Le pedí a Dios que donde estés te encuentres tranquila, Pues yo aquí soy feliz madre. Y mis hermanos también. ¡Cumpliste bien la misión que dios te dio!
En este lugar, te encontré madre ¡Ya no estaré triste! Pues aquí sentí tu presencia. Me llevo tu sonrisa a mi casa. ¡Tú estás conmigo día a día! Tu presencia me acompaña. Dicen que ni allá arriba, las madres dejan de sentir por sus hijos. ¡Te amo mamá!
Una madre por sus hijos hasta la vida daría, y su sangre, gota a gota la donaría, y si no le quedara sangre, hasta el alma te daría. ¿Quién no se conmueve a lágrimas de madre? ¿Quién no la ha visto sufrir tanto en la vida?
Las madres parece, fueron hechas con molde de amor pues se pasan la vida amando, amor, amando.
La madre es un tesoro, que vale más que el oro, si la tienes, dale todo pues hoy está y mañana desaparece.
Cuida mucho, no herir su corazón, pues para ella, son espinas, una daga un arpón.
Una madre, es la única estrella que alumbra, cuando el sol se apaga, es la sabia consejera, es la amiga más perfecta.
Quiérela mucho pues ella sufrió tanto por ti, en su vientre, en su juventud te dio el mejor vigor y en su vejez te acompaña todavía.
Autora: Edith Elvira Colqui Rojas- Perú *poema destacado en la Sociedad Venezolana de Arte.