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Mira nuestro sol hermoso,
deja ver su rostro bello,
refulge como un centello,
buen caballero precioso.
Un eterno jactancioso,
brillas en cielo radiante.
Fino corcel rozagante,
crines con reflejos de oro,
yo encandilado te adoro.
Amada estrella gigante.
Como en dorados pegasos
Tú vas siempre refulgente,
bien alumbrando a la gente,
para sombrear sus pasos.
Yo te veo en los ocasos
Y en la mañana apareces,
lanzas tus rayos mil veces,
en un amor ascendente,
y por ser tan aquiescente,
estas décimas mereces.
Autora Edith Elvira Colqui Rojas-Perú-Derechos reservados