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El espejo roto

Tema en 'Fantásticos, C. Ficción, terror, aventura, intriga' comenzado por Kein Williams, 22 de Febrero de 2026. Respuestas: 1 | Visitas: 81

  1. Kein Williams

    Kein Williams Poeta fiel al portal

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    La casa de Moonlight Bay nunca estuvo en venta. Simplemente apareció un día en la lista de propiedades embargadas, con un precio tan ridículo que parecía una broma de mal gusto. Yo necesitaba un lugar donde empezar de nuevo después del divorcio, después de los titulares, después de que la prensa me convirtiera en «el fotógrafo que capturó la muerte en alta definición». Así que firmé los papeles sin visitarla dos veces. Error número uno.

    La casa era una reina Ana victoriana en decadencia, con torretas que parecían ojos ciegos y un porche que crujía como si tuviera artritis. El agente inmobiliario me entregó las llaves con una sonrisa nerviosa y se marchó tan rápido que dejó marcas de neumáticos en el camino de grava.

    Subí al segundo piso cargando la última caja y allí lo encontré: un espejo de cuerpo entero en el dormitorio principal, apoyado contra la pared como si me estuviera esperando. El marco era de caoba oscura, tallado con querubines que tenían alas de murciélago y rostros de anciano. El cristal estaba roto en siete fragmentos grandes, pero curiosamente ninguno había caído; los trozos seguían adheridos, como si el espejo se negara a desmoronarse del todo.

    Me quedé mirándolo más tiempo del que debería. Había algo raro en la forma en que reflejaba la habitación. Los ángulos no cuadraban. El suelo parecía inclinarse ligeramente hacia abajo en el reflejo, y la ventana que tenía detrás aparecía cerrada aunque yo la había abierto de par en par para ventilar el olor a moho.
    Esa noche encendí una sola lámpara y me senté frente al espejo con una botella de Jack Daniel’s. Quería odiar la casa, quería odiarme a mí mismo, quería cualquier cosa que no fuera sentir. El alcohol ayudó un poco. Luego ayudó demasiado.

    El primer cambio fue sutil: mi reflejo parpadeó dos segundos después que yo.
    Lo atribuí al whisky. Cerré los ojos, conté hasta diez, los abrí. Ahí estaba yo, idéntico, sonriendo con esa media sonrisa cansada que odio porque me recuerda a mi padre. Pero la sonrisa de mi reflejo era más amplia. Demasiado amplia. Los dientes parecían más blancos, más afilados.Me levanté para romper el maldito espejo, pero cuando di el primer paso, el reflejo no se movió. Se quedó sentado, observándome, con esa sonrisa que ya no era mía.

    —¿Qué demonios…? (murmuré).

    La voz que respondió no salió de mi garganta.

    —Hola, Chris —dijo mi reflejo. Su voz era la mía, pero más suave, como si estuviera grabada bajo agua—. Llevo mucho tiempo esperando que alguien con suficiente dolor viniera a casa.

    Retrocedí hasta chocar con la cama. El reflejo se puso de pie al mismo tiempo que yo, pero dentro del espejo. Se acercó al cristal roto hasta que su rostro (mi rostro) quedó a centímetros del mío, separado solo por una lámina de plata quebrada.

    —No eres real —dije, aunque mi voz temblaba.
    —Oh, soy más real que tú ahora —respondió—. Tú eres el que se está desvaneciendo.
    Y entonces lo entendí, con esa claridad brutal que solo llega cuando ya es demasiado tarde.

    Cada fragmento del espejo mostraba una versión diferente de mí. En el trozo superior: yo a los siete años, el día que encontré a mi madre muerta en la bañera, con las muñecas abiertas como flores rojas. En el siguiente: yo a los diecisiete, sosteniendo la cámara mientras mi mejor amigo se colgaba del puente. En el tercero: yo a los veintinueve, tomando la fotografía premiada del niño sirio ahogado en la playa, la que me dio fama y dinero y una culpa que nunca se lava. Todas las versiones me miraban con ojos acusadores.

    El reflejo principal (el que hablaba) extendió la mano y tocó el cristal desde dentro. Los fragmentos vibraron como si estuvieran vivos.

    —Cada vez que alguien se rompe —dijo—, un pedazo de su alma queda atrapado aquí. Este espejo no refleja el cuerpo, Chris. Refleja lo que realmente eres cuando nadie mira. Y tú… tú estás hecho pedazos desde hace mucho.

    Intenté correr. Mis piernas no respondieron. Sentí cómo algo tiraba de mí hacia adelante, como si el espejo fuera un imán y yo estuviera hecho de hierro oxidado.

    —No —supliqué—. Por favor…

    El reflejo sonrió con todos mis dientes.

    —Has pasado años fotografiando el dolor de los demás para no mirar el tuyo. Ahora vas a vivir dentro de él. Para siempre.

    El cristal se onduló como agua. Sentí que mi cuerpo se volvía líquido, que mis huesos se deshacían. Mi último pensamiento coherente fue que ojalá hubiera roto el espejo cuando tuve la oportunidad. Después solo quedó silencio.

    Ahora, si alguna vez pasas por la vieja casa victoriana en Moonlight Bay con las torretas ciegas, y si el agente inmobiliario te ofrece un precio ridículo, no entres al dormitorio del segundo piso. Porque ahí estoy yo, sonriendo desde los siete fragmentos, esperando. Y cuando alguien nuevo se pare frente al espejo, le diré con mi voz (tu voz) la misma verdad que me dijo a mí:

    —Llevo mucho tiempo esperando que alguien con suficiente dolor viniera a casa.

    Y entonces seremos dos. Y la sonrisa será un poco más amplia.
     
    #1
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  2. Alde

    Alde Miembro del Jurado/Amante apasionado Miembro del Equipo Miembro del JURADO DE LA MUSA

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    La culpa y el dolor.

    Saludos
     
    #2

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